Nuestra filosofía, nuestro método: CUANDO MENOS ES MÁS

 CUANDO MENOS ES MÁS

El tiempo es quizás lo más importante de lo que disponemos. ¿Por qué malgastarlo? ¿Por qué malgastar el tiempo de nuestros hijos? Precisamente esta es la base de nuestro método en las clases de apoyo y refuerzo escolar.

LO HABITUAL

La mayoría de centros de estudio ofrece clases de apoyo y refuerzo casi todos los días de la semana unas dos horas cada uno de esos días. Además, lo habitual es que la ratio de estas clases esté entre 10 y 15 alumnos. ¿Qué cantidad de tiempo dispone el profesor para dedicarle a cada alumno? Pues muy sencillo, unos 8 minutos en esas dos horas. Es decir, que el profesor dispone de unos 8 minutos para resolver las dudas del alumno. El resto del tiempo es tiempo desaprovechado. Tiempo que tu hijo o hija podría emplear en su ocio, en disrutar de la familia, en realizar otro tipo de actividades que no sean académicas y que también son importantes para su desarrollo, como el deporte.

 NUESTRO MÉTODO

En nuestro centro, las clases grupales tienen una ratio de 8 alumnos como máximo, siendo lo habitual que en cada clase haya unos 6 alumnos. Las clases tienen una duración de una hora y media. Además, con alumnos de secundaria y bachillerato, con los que aumenta la complejidad, en cada clase se trabaja una sola materia. Así mismo, no recomendamos más de tres horas semanales. Se trata de aprovechar el tiempo, de que los alumnos sean eficientes y no tomen las clases como una sala de estudios o biblioteca, donde únicamente vienen a hacer su tarea para enregarla al día siguiente. Tratamos de enseñar a aprender, de hacer alumnos autónomos. Alumnos que después de un curso o de unos meses ya no necesiten de nuestra ayuda, porque han adquirido las capacidades y la motivación necesarias para enfrentarse a las materias por sí mismos.

DIFERENTES CAPACIDADES

Es verdad que existen alumnos que necesitan mayor atención. Sin embargo, para ellos la respuesta no es aumentar las horas de clase o de trabajo. Esto casi nunca funciona, sólo provoca que nuestros hijos odien los estudios y, a veces, a sus padres. Es normal caer en la tentación de que si nuestro hijo suspende, pues más horas de clases de apoyo necesita. Pero no necesita más horas, necesita mayor calidad, mayor atención, seguimiento y apoyo en esas horas. Nuestra respuesta ante esto, lo que nosotros ofrecemos es la de reducir aún más la ratio y trabajar con ellos en clases de dos alumnos. Lo que los alumnos son capaces de aprender, de adquirir en una hora de este tipo de clases, es similar a lo que podría aprender en 4 o 5 horas de clases con 10 o 12 compañeros más.

 NUESTRA EXPERIENCIA Y RESULTADOS

 En nuestros 10 años de experiencia, más de un 90% de los alumnos que confían en nosotros supera sus materias. Puede ser que en la mayoría de centros de estudios el porcentaje de éxito sea similar, pero... ¿Cuántas horas han sido desaprovechadas? ¿Cuánto tiempo se ha invertido de manera innecesaria? Se puede conseguir el éxito académico menos tiempo, menos coste para las familias y menos coste emocional para nuestros hijos. Nosotros tratamos de ser eficientes y la fórmula no la hemos inventado nosotros ni es dificil: con menor ratio, con menos alumnos por clase, con una atención más individualizada, el aprendizaje es más rápido y más eficiente. Este es nuestro método, nuestra filosofía, en la que con menos se consigue más.

 

Y claro que nos pueden copiar el método, pero no tienen a nuestros profesionales, que es el otro pilar de nuestro centro y del que hablaremos en otra entrada del blog.

 

Juan Francisco García González

Psicólogo y director del centro Innova-T

Sobre el aprendizaje por descubrimiento

Se entiende por aprendizaje por descubrimiento, al proceso de aprendizaje mediante el cual el individuo es protagonista de su propio desarrollo cognitivo, es decir, como docentes presentamos al alumnado todas las herramientas necesarias para que descubra por si mismo lo que se desea aprender (Teoría de Ausubel).

A menudo, en nuestras aulas olvidamos la efectividad de este tipo de aprendizaje, ya sea porque vamos muy a prisa por las exigencias del sistema educativo, o porque simplemente centramos el proceso de enseñanza-aprendizaje en la figura del que enseña y no del que aprende.

Sea cual sea la causa, quiero reiterar la importancia de aprender por nosotros mismos.

Hace algunas semanas durante una sesión, un niño al ver un barco de papel me preguntó: ¿Qué pasaría con el papel si pusiéramos el barco en el agua?. La verdad es que le respondí con evasivas porque estaba muy centrada en continuar con el trabajo propuesto y quería que él también lo estuviera. Sin embargo, y como es lógico, el niño quería resolver su duda. Para mí sorpresa, lo descubrí en el baño con el lavabo lleno de agua y mirando fijamente el barco. “Pensé que te pondrías furiosa” me dijo, “todo lo contrario” respondí, pues tendría que haber sido yo la que lo hubiese acompañado desde el primer momento, y aprovechar así esta oportunidad de aprendizaje.

En definitiva, lo que quiero decir con todo esto y aunque por supuesto no es nada nuevo, es que la puerta para aprender es la emoción. Así, cuando dedicamos parte de nuestro tiempo de trabajo con los niños y niñas a plasmar en un papel lo que hemos aprendido, a escribir sobre nosotros, a jugar juntos o simplemente a hablar , estamos “abriendo” esa puerta que contribuirá a estimular al alumnado a pensar por si mismos, mejorando su autoestima y seguridad.

Esther Rodríguez Santana (pedagoga)

 

 

Diez años

El 19 de marzo de 2007 abrimos por primera vez las puertas de nuestro centro. Diez años después nos sentimos orgullosos del trabajo, el tiempo y la ilusión invertidas. Muchas historias se han vivido en nuestros despachos y aulas. En estos diez años, a nosotros han acudido más de mil quinientas familias con la intención de buscar una ayuda, mejoras en algún aspecto, una respuesta, una salida a alguna situación conflictiva. Estamos orgullosos de haber podido ayudar a conseguir sus objetivos, por lo menos, a una parte de esas personas. Porque esto es lo que nos mueve, porque el trabajo cuando llena no es trabajo y te hace feliz. ¡GRACIAS POR HACERNOS FELICES!

Y que sean otros 10 y otros 10 más, poque cuando haces lo que te gusta, la ilusión se renueva cada día.

Santiago Gil Plata y Juan Francisco García González

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